El IPO de MercadoLibre en el NASDAQ

ipo-meli-ii.jpg Ayer debutó la acción de MercadoLibre (MELI) en el NASDAQ tras su IPO que cerró el miércoles pasado.

La verdad es que esta operación no podría haber llegado en mejor momento dado que, según el cronograma, en la clase que vamos a tener el próximo jueves nos toca ver, precisamente, el tema Oferta Inicial de Acciones o Initial Public Offering (IPO).

Para aquellos que tengan ganas de profundizar en el tema, los invito a leer los siguientes documentos presentados por la compañía ante la Securities and Exchange Commission (o SEC, sería algo así como nuestra Comisión Nacional de Valores) de los Estados Unidos:

Underwriting Agreement

Amendment No. 4 to FORM S-1 REGISTRATION STATEMENT

También los invito a leer el post que escribí en Multitag en relación a la operación de MercadoLibre.

Y para cerrar, me gustaría hacer mención a algo que quizás hoy está pasando desapercibido pero que pudiese haber llegado a ser un tema central si las circunstancias se hubiesen dado de otra manera. Con ésto me refiero a que los mercados financieros internacionales han estado atravesando una crítica situación durante los últimos días y que si no han colapsado, es porque los Bancos Centrales de los principales mercados han intervenido, y mucho, para evitar el derrumbe en masa.

Este escenario internacional realza el logro conseguido por MercadoLibre, una empresa Punto Com Latinoamericana con tan buena performance en su colocación inicial de acciones en un contexto turbulento con el actual, no es poca cosa.

Les dejo la nota que escribión Javier Blanco ayer en el diario La Nación al respecto lo movido de los mercados:

La corrida global en los mercados se profundizó ayer, haciendo sobrevolar sobre las principales plazas financieras del mundo el fantasma de un crac generalizado, lo que obligó a los bancos centrales más importantes del planeta a coordinar políticas para liberar recursos. El objetivo: dosificar la ola de liquidaciones de toda clase de activos en un intento por acotar el riesgo de quiebras indiscriminadas.

La dimensión de la crisis queda a la vista en un dato: los bancos centrales de Europa, Estados Unidos, Japón y Canadá debieron inyectar la friolera de 323.300 millones de dólares en los mercados en apenas 48 horas, un monto que equivale casi al doble del tamaño de la economía argentina, medida a precios corrientes.

El grueso de la asistencia corrió por cuenta del Banco Central Europeo, que a los 94.800 millones volcados anteayer (una cifra que terminó de convencer a los operadores sobre la magnitud que podría tener la crisis), debió agregar ayer otros 61.010 millones, con lo que giró a bancos y fondos el equivalente a US$ 214.500 millones en sólo dos días.

A la acción de rescate debió sumarse con mayor presencia la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed, según sus siglas en inglés). La entidad, que en la jornada previa había liberado unos 24.000 millones de dólares, no sólo redobló la apuesta ayer al volcar un total de 38.000 millones (una suma equivalente al 90% de las reservas argentinas), sino que emitió una declaración comprometiéndose a entregar “suficientes fondos para prevenir sobresaltos”, en un intento por calmar a los mercados.

Presión para la economía local

La intervención de la Fed cobra dimensión porque se trata de la primera vez que libera fondos desde el ataque terrorista a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. Y porque, en comparación con su par europeo, debió incrementar la asistencia respecto de la jornada previa, buscando prevenir un contagio abierto por la debacle europea, algo que logró si se tiene en cuenta que Wall Street reaccionó positivamente, al punto que transformó una baja superior a los 200 puntos en el índice Dow Jones en otra de apenas 31 unidades al finalizar la rueda.

El temblor en los mercados se generó en la crisis del sector inmobiliario estadounidense, pero se expandió como un virus por el mundo por el grado de exposición que, llevados por la codicia, los grandes bancos de Europa y de otros puntos del mundo asumieron en títulos de deuda respaldados en créditos hipotecarios de riesgo concedidos en Estados Unidos.

La jornada dejó las mayores pérdidas en los mercados que cierran antes que Wall Street, por cuestiones de uso horario. Las bajas fueron del 2 al 3% en las principales bolsas de Europa y del 1 y al 4% en los mercados de Asia (donde la bolsa de China se mantuvo al margen).

Pero tuvieron menor magnitud en Nueva York y los mercados de la región que, sobre el final del día de ayer, ensayaron una recuperación siguiendo los pasos del Dow Jones. Sin embargo, las pérdidas no alcanzan a dar idea de la sensación de ir sin freno hacia el borde de un pronunciado precipicio con la que, por varias horas, debieron convivir los operadores bursátiles y financieros de todo el mundo. “Estamos metidos en una montaña rusa de la que, por más que grites, no podés bajarte”, graficó un operador porteño cuyo rostro daba una cabal idea de la tensión con la que vive estos días.

La magnitud de la crisis financiera mundial amenaza con agregar presión al momento ya no tan plácido que atraviesa la economía argentina, cuyo futuro luce cada vez más condicionado por la creciente inflación. Como mínimo, ya se sabe que restringirá el acceso al financiamiento de las empresas locales, que en la primera parte del año habían logrado captar recursos a largo plazo y tasas cada vez más bajas, incluso en moneda local (ver página 2), lo que siembra más interrogantes sobre el futuro de la inversión, en momentos en que esa variable ganó importancia para ensanchar la frontera productiva y tratar de acercarse al ritmo que tiene la demanda.

El impacto local del derrumbe global fue más acotado que en los días previos, tal vez porque se trata del mercado más castigado en lo que va del año por razones domésticas, como la incidencia de la manipulación inflacionaria en la cotización de los bonos y las dudas por el deterioro del superávit fiscal.

En Buenos Aires, el índice Merval llegó a perder el 2,3%, pero recuperó posiciones sobre el final para cerrar con una caída de 1,65%. Así, en la semana la bolsa porteña, que ya había borrado las magras ganancias acumuladas en el año, cayó 4,43 por ciento.

A su vez, la demanda de dólares volvió a tonificarse, lo que obligó a los bancos oficiales a vender para tratar de evitar que el tipo de cambio muestre oscilaciones más bruscas. Este objetivo de mínima se cumplió: el dólar minorista subió sólo un centavo, para quedar en $ 3,18 el tipo vendedor. Y los bonos de la deuda volvieron a caer hasta 3,23% (Discount en US$), con lo que acumulan pérdidas de hasta 30% en el año.

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