El problema no es el índice de precios sino la inflación

Menos inspirado que el GURU del post anterior, les acerco la siguiente nota publicada en La Nación el domingo pasado y escrita por Por Víctor A. Beker (quien fue director Nacional de Estadisticas Económicas del Indec, es economista, profesor titular de la UBA y de la Universidad de Belgrano) la cual describe con mucha precisión el problema inflacionario que estamos viviendo actualmente.

Inesperadamente, en vísperas del feriado largo, se dio a conocer el índice de precios al consumidor de marzo, el cual denuncia un incremento en los precios del 0,8 por ciento.

La norma es publicar el índice el quinto día hábil de cada mes, lo que en abril hubiera significado darlo a conocer el lunes 9, día para el cual el personal del Indec había convocado a una jornada de protesta por la manipulación del índice y la intervención al área de precios que sufre el organismo.

Pero la ventaja de la nueva “metodología” implementada por la intervención es que el índice puede “cocinarse” a pedido en cualquier momento.

Una vez decidida cuál es la variación en el nivel general de precios que se va a publicar sólo resta acondicionar los índices de los distintos rubros para obtener dicho resultado.

En el caso del mes de marzo aparentemente se decidió optar por un valor más cercano a la realidad que en enero y febrero, reconociendo unos dos tercios de la verdadera inflación.

Las causas

El episodio del Indec desvió la atención respecto a la verdadera cuestión de fondo: las causas del actual proceso inflacionario y cómo combatirlo. Sin embargo, en vez de discutir qué hacer para bajar los precios, la controversia se centró en los burdos artilugios metodológicos utilizados para bajar el índice.

Si bien existen diversas teorías acerca de las causas de la inflación, la etiología del caso argentino actual no parece dejar lugar a muchas dudas.

Por un lado, tenemos un crecimiento en los precios de nuestros principales productos de exportación, que se refleja en sus precios internos. Pero esto se limita a un número reducido de productos: básicamente, trigo, maíz, soja y carne vacuna. Si bien su peso en la canasta de consumo es importante -salvo la soja-, ello no puede explicar el aumento generalizado en el conjunto de precios de la economía argentina.

Es cierto también que todo proceso de crecimiento económico suele ir acompañado por cierta dosis de inflación, en la medida que los aumentos en la demanda no son instantáneamente correspondidos por incrementos en la oferta de bienes y servicios; es lo que se conoce como inflación estructural.

Esta puede explicar algunos puntos de crecimiento en los precios pero en absoluto un incremento anual de dos dígitos como el que están sufriendo los bolsillos de los argentinos.

La economía argentina viene creciendo a una tasa de entre 8 y 9% anual. Para acompañar dicho proceso de crecimiento la oferta monetaria debería incrementarse en igual proporción, dado que el volumen de las transacciones crece pari passu con el PBI; también podría crecer al 10%, al 11%, inclusive al 12%, para acompañar la inflación de origen externo y estructural.

Pero lo que indudablemente no puede ocurrir sin afectar el nivel general de precios es que crezca al 19%, como lo hizo en 2006 el agregado M2 -elegido como meta en el programa monetario del Banco Central- ni al 22%, como lo hizo el circulante, ni al 46% como lo hizo la base monetaria.

El desbalance entre el aumento en la masa monetaria y el registrado en la oferta global se traduce necesariamente en aumento de precios. Pero aquél es sólo el reflejo de un desequilibrio mucho más profundo.

El desequilibrio de fondo

La sustentabilidad a largo plazo del actual modelo económico depende críticamente de que el superávit fiscal tenga un valor cercano al del superávit de sector externo. De este modo, el Tesoro podría adquirir las divisas excedentes en el mercado de cambios con recursos genuinos.

Eso no ocurre en la actualidad. Por esa razón, el Banco Central debe intervenir comprando las divisas sobrantes con emisión monetaria. Y si bien la autoridad monetaria se esfuerza por morigerar dicha emisión -principalmente a través de la colocación de Lebac y Nobac-, el crecimiento de la oferta monetaria muy por encima del crecimiento del PBI se refleja en inflación -la verdadera, la que sentimos en nuestros bolsillos, no la que le hacen dibujar al Indec.

Es decir, se suple la insuficiencia del superávit fiscal con un recurso no fiscal: el impuesto inflacionario. Pero en la actual coyuntura, el impuesto inflacionario tiene las patas muy cortas.

Mordiéndose la cola

Cerca de la mitad de la deuda pública se ajusta por el CER. Cada punto de inflación incrementa la deuda pública en unos 1700 millones de pesos, prácticamente el monto del superávit fiscal mensual.

El desequilibrio entre ambos superávit genera inflación y ésta origina un incremento en la deuda pública cercano al superávit fiscal. Este es el nudo gordiano de la economía argentina actual.

De aquí la urgencia oficial en bajar el índice de precios al consumidor a cualquier costo. Pero la cuestión no es bajar el índice, de lo que se trata es de bajar la inflación logrando el equilibrio entre ambos superávit de modo de alinear la emisión monetaria con el aumento del PBI. A tal fin, debe incrementarse el excedente fiscal o bajarse el externo o una mezcla de ambos.

El tamaño del superávit externo debería converger con el del excedente fiscal, de modo que dejara de ser necesaria la continua intervención del Banco Central en el mercado de cambios.

No es cierto que la alternativa actual sea estabilidad de precios o crecimiento. La existencia de una fuerte deuda pública indexada por CER hace que no se pueda mantener por mucho tiempo más el crecimiento sin estabilidad de precios.

La política económica puede ser ortodoxa o heterodoxa, pero lo que no puede ser es inconsistente. La cuestión no es aplanar el índice de precios sino aplanar los precios. Imitando a Bill Clinton debería advertirse: no es el índice, ¡es la inflación!

2 comentarios to “El problema no es el índice de precios sino la inflación”

  1. Ale Salevsky Says:

    Me parece muy interesante como Becker resume el problema. Discutimos esto bastante en clase, más que nada lo relacionado a la relación entre variación PBI y aumento de dinero circulante.

    También comentamos un día en clase algo que había escuchado decirle a Becker en un reportaje hace masomenos un mes en donde sostenía que “un punto porcentual incremental de inflación significa comerse todo el superavit primario” con lo cual la manipulación del índice en dicho monto (es lo que se había cuantificado para febrero) era en el fondo “un default encubierto”.

    Tratando de entender números con ayuda de algunas lecturas y un economista que trabaja conmigo no llegamos a tal conclusión pero si a números que son preocupantes. (Ver Algunos numeros rojitos)

    De todas formas, veo que Becker bajo un poco el calibre del statement pero me parece igual de preocupante su visión.

    En el fondo, se trata de endeudamiento público para sostener un modelo económico. Si hacemos memoria…

    Leer


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