Durante el fin de semana que acaba de concluir fue publicada una nota, en un diario de tirada nacional, acerca de la situación financiera que enfrenta la argentina, y me dejó impresiones que no quería dejar de compartir con los lectores del blog. Al mismo tiempo, me gustaría animar a los mismos a dejar sus opiniones, comentarios, críticas y puntos de vista respecto del mismo.
Tal como la mayoría de los habitantes informados de este país sabe, el principal financiador de la Argentina es Venezuela. Desde mediados del 2005, Hugo Chávez se ha convertido en un gran amigo del gobierno K, desplazando en su rol de financiadores a personajes tales como Michael Camdessus, Horst Köhler y Rodrigo Rato. Las razones del cambio de jugadores son varias, pero entre las mismas se pueden destacar:
Las facilidades que otorga el país caribeño para prestarle dinero a la Argentina. Basta solo con una llamada a su presidente para conseguir los fondos necesarios para satisfacer las demandas del mercado. Sin condiciones ni preguntas. Sin inspección de números ni involucramiento en la gestión económico financiera de nuestro país. Las colocaciones de deuda en Venezuela siempre se hicieron de forma directa y simple; pues claro, al final de cuentas Venezuela no es más que un simple inversor que no hace más que comprar los bonos que emite nuestro país. Chávez no firma programas o paquetes de ayuda como lo hace el FMI, no hace recomendaciones acerca de política económica, ni tampoco ofrece posibilidades de desembolsos o pagos periódicos. Es más, ni siquiera se queda con todos los bonos que adquiere, ya que gran parte los vende a Bancos locales en bolívares, a tipo de cambio oficial, los cuales luego los liquidan en el mercado cambiario paralelo, aprovechando así la enorme diferencia de cotización del dólar y realizándose, por ende, con una enorme ganancia (es por esto que a Venezuela se lo menciona muchas veces como agente colocador de la deuda argentina). He aquí el verdadero negocio financiero.
Volviendo a nuestras latitudes, el efecto que estas operaciones tienen en nuestra economía no llega a ser devastador, pero tampoco es positivo. La última compra de Bonos por parte de Venezuela (y su posterior venta a los bancos de este país) provocó una ola de ventas de títulos argentinos que derivó en una importante reducción de los precios de la deuda argentina, y una consecuente recompra de títulos efectuada por el gobierno. Considerando esta sucesión de hechos, no es difícil concluir que no se logró la solución a los problemas de caja que se buscaba.
La otra razón que me gustaría destacar es de índole político. Cabe recordar que, entre 2002 y 2005, la imagen del FMI en Argentina no era la mejor. Esto se debe, por un lado, a la activa participación que tuvo el organismo en el default del 2001, que posteriormente derivó en la debacle económica que azotó al país, y por el otro, a la mala prensa que se le hizo al fondo desde el oficialismo. Desde esta perspectiva, el corte del cordón que unía a nuestro país con el FMI, que el presidente Kirchner impulsó en enero de 2006, perseguía un fin político que consistía en conseguir un incremento de su popularidad y una salida elegante para quien era , en ese entonces, el principal financista del país. Esto no suena descabellado si consideramos que en nuestro país el principal consejero de la racionalidad económica siempre fue la intencionalidad política.
Paralelamente, las razones para reemplazar la deuda del FMI (USD 9.530 Millones a enero de 2006) por deuda Venezolana (USD 9.241 Millones a la actualidad), tienen su otro lado de la moneda. Un lado más oscuro, y que hoy en día ve la luz de la mano de la crisis e inestabilidad que atraviesa el gobierno kirchnerista.
Por un lado, es claro que se cambió la deuda del FMI, por otra de un costo mucho mayor. Se pasó de tasas promedio de 5,6% a tasas promedio que llegaron a ser del 14% este año. Se ve a las claras el costo financiero que afronta el gobierno por no querer que ningún agente externo se inmiscuya en sus cuentas y en su economía. ¿Pero hasta qué punto es coherente afrontar estos costos? ¿Cuál es el precio a pagar por la libertad? Claramente puede haber tantas respuestas a estas preguntas como habitantes haya en la Argentina. Pero es importante destacar que, si la libertad buscada se convierte en libertinaje, y lo números son manipulados en lugar de ser gestionados eficientemente, el principal perjudicado es el pueblo Argentino. Dentro de esta coyuntura, ¿no habría hasta resultado beneficioso para el país contar con un órgano que, además de financiar su actividad, actuase como auditor de sus procesos, operaciones y cuentas? ¿Estaremos pagando un doble costo por haber realizado el intento de salir a buscar libertad de acción?
Por el otro lado, no hay que dejar de mencionar que, al margen de haber estado siempre que desde la Casa Rosada hubo necesidades de efectivo, Venezuela no tiene ni la capacidad ni la voluntad de actuar como prestamista de última instancia para nuestro país. A pesar de que en la actualidad al país no le urge contar con uno, la carencia de un financista de última instancia no hace más que despertar temores y dudas sobre la situación a la cual se enfrenta Argentina, sobretodo en estos tiempos de inestabilidad financiera que afectan al mundo entero desde la crisis del Sub-Prime. De la misma manera, esta situación despierta aún más inquietudes si se tiene en cuenta que durante los próximos tres años el gobierno necesitará, en promedio, USD 10.000 millones por año para cerrar sus cuentas, y que el superávit fiscal del que tanto se habla solo alcanzaría para cubrir (sin sobresaltos) los pagos de intereses pero no las amortizaciones de capital que se avecinan.
A modo de conclusión, la nota mencionada al inicio de este análisis resalta que “… un acuerdo con el club de París le dará oxigeno (financiero) al gobierno (…) y que ese margen se ampliará aún más si se avanzara sobre una propuesta a los tenedores de bonos que no entraron en el canje”. A lo cual a mi me gustaría agregar un interrogante que se funda, primero, en el deteriorado poder de negociación con el que cuenta hoy el país para poder lograr estos cometidos y mantener una posición ventajosa y, segundo, en la falta de aliados políticos de poder en el plano internacional. Es claro que la empresa que deberá afrontar el gobierno en los próximos tiempos para superar el problema financiero que ya asoma en el horizonte no se presenta sencilla. Más aún si consideramos que por lo pronto, el único proyecto financiero cierto que se piensa encarar desde la cúpula del poder ejecutivo consiste en la colocación de otros USD 1.000 millones en bonos a Venezuela antes de que termine el año.
Ya lo decía Cicerón en el siglo I a.C. “Todos los hombres pueden caer en un error, pero solos los necios perseveran en él”.

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